8 de noviembre de 2006

Cada ver es... – Àngel García del Val




Àngel García del Val es un cineasta a contracorriente. Sus películas son prácticamente invisibles. Poco se sabe de su obra fílmica más allá de "El sueño de Cristo" (1997) y "Cade ver es..." (1981). Ésta última, enfocada a modo de documental vanguardista, describe el quehacer diario de una persona, Juan Espada del Corso. Su oficio: tratar con cadáveres.
Unas primeras imágenes, acentuadamente incómodas, presentan un cuadro tétrico y mentalmente desesperado mostrando los internos del centro psiquiátrico de Bétera. La alucinación y la angustia vital que producen estos fragmentos vienen apoyadas por el uso asfixiante del aspecto sonoro. Encuadres descuidadamente amateur contextualizan pausadamente la película en la Universidad de Medicina de Valencia y en el hogar de nuestro único protagonista “con alma”. Las demás presencias, acreditadas al principio de la película sin ningún tipo de pudor, no serán otras que la de los propios cadáveres.
Centrada en la sala de cadáveres de la Universidad, la película reflexiona junto a Juan Espada del Corso entorno a la idea de la muerte y el miedo que ésta produce. Trabajar conviviendo con la muerte las 24 horas del día, cuidando los cuerpos utilizados por los estudiantes de medicina, es como se presenta un personaje cuyas capacidades sensitivas (24 dioptrías de miopía y falta del sentido del olfato) y su carácter solitario favorecen la adaptación a un entorno, si más no inhóspito. Su marcado carácter individual viene acentuado por la ausencia de conexiones con otras personas, remarcando así la alteridad de su persona. La frialdad de una sala hecha de baldosas, mármol y altos ventanales crea un tiempo muerto embalsamado en formol donde los restos de cuerpos inertes, algunos de ellos en avanzado estado de descomposición, personifican el terror. Un malestar y un miedo al ver y al presenciar, que se adueña del espectador por el pánico a observar la putrefacción del ser humano. Pero también por el aspecto ontológico de la imagen. La huella, el rastro, la calcografía, la imprenta que la imagen deja en el subconsciente del espectador, relacionado directamente con la congelación, la pausa y el tiempo suspendido practicado a los cadáveres. La materialidad de éstos (algunos cercanos a bloques de madera) contrasta con la crueldad rojiza y carnal presente el “The Act of Seeing with one’s own eyes” (1971) de Stan Brakhage.
A lo largo de 72 minutos de cruda visibilidad el film avanza hacia estados que, con la ayuda de lo profílmico (la escueta presencia del equipo de filmación, el aparato sonoro, la claqueta…) y de la música (Maurice Ravel, Gustav Holst, Bernard Herrmann, Krysztof Penderecki) transitan entre lo humorístico que hiela la risa, lo terrorífico sustentado en sonidos de pesadilla, la citación al género cinematográfico con “Los Pájaros” de Hitchcock y lo melodramático por el uso de la música. Recursos vanguardistas sugieren, por asociaciones, el silencio, el vacío y la nada.

3 comentarios:

  1. doncs sí que pinta durilla de veure, sí...
    john cage no, laura sala ;)

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  2. He tenido ocasión de ver este documental de García del Val y me ha causado una gratísima impresión.

    Puede resultar chocante que esas imágenes me hayan resultado agradables de ver. Pero es que mi mirada no se ha detenido sólo en lo que aparece, que en ocasiones es crudo, sino que me ha impresionado la inmensa capacidad narrativa del director, su saber aportarnos toda una reflexión sobre la soledad, la locura, la muerte. Es una película ensayo en toda la polisemia del término, una obra original que merece mejor suerte de la que ha tenido hasta ahora.

    He escrito un largo (y algo pedante, je) comentario en mi recién inaugurado blog. Me gustaría invitarte a leerla, la dirección es www.proyectonaschy.wordpress.com

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  3. Antonio David Serrano González1:43 a. m.

    El sueño de Cristo es un ensayo filosófico sobre la personalidad de Jesús llevado a la cinematografía magistral por lo poético y sencillo. La belleza en la narración, el ritmo de seguimiento al personaje, la pausa para que pienses y lo certera que es la lectura antropológica hacen que te quedes con el Jesús básico y trascendental, dando un salto resuelto y hábil sobre la tensión con las ramificaciones doctrinales, el cánon y la teología. Nota alta !

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