11 de abril de 2016

The Flicker – Tony Conrad




El artista norteamericano Tony Conrad falleció el pasado 9 de abril a la edad de 76 años. Conrad fue una de las figuras clave de la escena experimental neoyorquina de finales de los años sesenta. Entre las múltiples disciplinas artísticas con las que se involucró destacan su práctica musical –como su vínculo con la Velvet Underground– y sus propuestas fílmicas –entre las que sobresalen la abstracción óptica que es Straight and Narrow (1970) y la película pionera del efecto parpadeo, una de las cumbres del cine estructural, titulada The Flicker (1966)–. La reseña de este filme que sigue a continuación, escrita por un servidor, tanto en inglés como en castellano, se publicó en el libro Xcèntric. 45 películas contra dirección editado por el Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona en 2006.

The Flicker (1966) Tony Conrad. Estados Unidos. 30 min. 16 mm, b&w.

English version:

An opening text warns of the possible consequences that may arise during the viewing of the film; from symptoms of weakness to epileptic attacks. This Warning is preceded by a Tony Conrad Presents linked to the title, The Flicker, all of this in superimposed letters with a fine line and a Pop Art aesthetic, letters that are difficult to read. Following this prelude, the light of the projector turns into the screen’s main and only protagonist, once the transparent celluloid gets going. The timid appearance of a few black film frames produces the first flicker effects, whose cadence will progressively increase during the projection until giving rise to disturbing and incessant half-hour stroboscopic effect that the human eye can scarce assimilate.
With no tools other than light and the lack of it –white frames and black frames– the film becomes a perfectly calculated, rhythmic composition of flashes of light that blur one’s sight but stimulate one’s mental reception. By having an impact on the retina and assaulting the viewer’s visual capacities, Tony Conrad posits a perception of a neuronal kind intimately linked to his studies of the physiology of the nervous system. Pastel shades may precede violent bursts of color articulated by an infinity of variable forms, generally abstractions governed by axes of symmetry, which differ according to the viewer and relative to each new screening. “Most of the details, most of the impact, most of what people find in it, what they take away with the, from having watched the film, wasn’t there, was conjured up only when they watched this film: it didn’t exist before, it doesn’t exist on film, it wasn’t on screen”. (1) The white noise of what might be the amplified sound of a film projector closes the hypnotic circle with a bewildering electronic soundtrack reinforced by juxtapositions of buzzing in crescendo.
In its a priori sight-related neutrality, without concrete visual motifs or tangible psychological meanings, The Flicker is set, within structural film, in the fascinating space of possibility and neuronal probability.

(1) Mekas, Jonas, interview with Tony Conrad in Movie Journal. The Rise of a New American Cinema, 1959-1971. New York: The Macmillan Company, 1972. p. 232.

Versión en español:

Un texto inicial advierte de las posibles consecuencias que puede producirse durante el visionado de la película; desde síntomas de flaqueza hasta ataques epilépticos. Este Warning viene precedido por un Tony Conrad Presents encadenado con el título The Flicker, todo ello en unas letras superpuestas de trazo fino y estética Pop Art, de difícil lectura. Tras este preludio, la luz del proyector se convierte en la protagonista absoluta de la pantalla, una vez traspasado el celuloide transparente. La tímida aparición de algunos fotogramas negros produce unos primeros parpadeos, cuya cadencia aumentará progresivamente a lo largo de la proyección, hasta dar lugar a un turbador e incesante efecto estroboscópico de media hora, apenas asimilable por el ojo humano.
Sin más herramientas que la luz y la ausencia de ésta –fotogramas blancos y negros– el film deviene una composición rítmica, perfectamente calculada, de destellos lumínicos que nublan la vista pero estimulan la recepción mental. Impactando la retina y agrediendo la capacidad visual del espectador, Tony Conrad propone una percepción de carácter neuronal íntimamente relacionada con sus estudios sobre la fisiología del sistema nervioso. Tonalidades de colores pastel pueden preceder a violentos cromatismos articulados por infinidad de formas variables, generalmente abstracciones regidas por ejes de simetría, que difieren en función de cada espectador y de cada nueva proyección. “La mayor parte de los detalles, del impacto, de lo que la gente encuentra en el film, lo que se llevan con ellos después de haberlo visto, no existía; sólo se conjuró en el momento en que vieron la película, nunca existió antes, no estaba en la pantalla”. (1) El ruido blanco de lo que podría ser el sonido de un proyector cinematográfico amplificado cierra el círculo hipnótico con una banda sonora electrónica aturdidora, reforzada por yuxtaposiciones de zumbidos in crescendo.
En su, a priori, neutralidad visiva, sin motivos visuales concretos ni significados psicológicos tangibles, The Flicker se sitúa, dentro del cine estructural, en el fascinante espacio de la posibilidad y la probabilidad neuronal.

(1) Mekas, Jonas, entrevista a Tony Conrad en Diario de cine. El nacimiento del Nuevo Cine Americano. Madrid: Fundamentos, 1975. p. 303.


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